Cuales son los peligros del sol

El sol tiene peligros ocultos que no debemos ignorar.

El sol es muy necesario para determinados procesos metabólicos, pero se puede convertir en un grave peligro para la salud si no se toma con la protección adecuada.

La radiación solar es la responsable, tanto de las quemaduras por la exposición prolongada sin protección, como de las lesiones de la piel por efecto acumulativo a lo largo de los años. Estos efectos nocivos cubren un amplio abanico, desde las antiestéticas arrugas por fotoenvejecimiento hasta las lesiones malignas, incluyendo el melanoma.

Los egipcios, los aztecas, los incas, y la mayoría de las culturas antiguas adoraban al Sol. Pero con el transcurso de los siglos parece haber nacido una nueva forma de adoración. Basta con observar las plazas de las ciudades apenas llegada la primavera. Allí las personas yacen tendidas en el piso o sobre los bancos como ofrendas sagradas dorando su piel al sol.

Esta nueva forma de adoración del sol vino de la mano de la moda. La palidez de la piel, propia de principios del siglo XX, hoy es reemplazada por el bronceado Caribe como símbolo de juventud y vida sana. Pero la cultura del bronceado que estimula a tomar sol en forma abusiva conlleva serios riesgos para la salud.

El adorado sol

Las radiaciones solares que llegan a la tierra comprenden, además de la luz visible, los rayos ultravioletas (UV) y los infrarrojos. Si bien los ultravioletas son los de mayor poder energético y, por lo tanto, los más nocivos, la luz visible y los infrarrojos pueden acelerar los efectos dañinos de la luz ultravioleta sobre la piel. Además, los rayos infrarrojos, por ser calóricos, son los responsables de los síntomas desagradables del golpe de calor.

La luz visible, junto con los rayos ultravioletas (UV), al integrarse con la piel favorece la síntesis de vitamina D. Los UV son de tres tipos: A, B y C. Afortunadamente los C y parte de los B no llegan a la superficie terrestre gracias a la acción protectora del ozono atmosférico.

Pero la mayoria de los A llega hasta la piel y produce un bronceado inmediato, que con los años lleva al fotoenvejecimiento. Tanto los UVA como los UVB provocan reacciones en todas las capas de la piel, estimulan la producción de nuevo pigmento, forman radicales libres, provocan muerte celular y, sobre todo, mutaciones en el ADN.

Si se tiene en cuenta el deterioro sufrido por la capa de ozono, es inevitable deducir que grandes masas poblacionales ven aumentados los riesgos de padecer enfermedades causadas por la radiación solar en su conjunto.

Cómo se defiende la piel

Investigaciones científicas realizadas en las últimas décadas demuestran que ante la agresión solar todos los componentes de la piel reaccionan defensivamente. La epidermis se torna más gruesa, los vasos de la dermis se dilatan, dando el color rojo tomate luego de tomar sol, se produce edema y supresión del sistema inmune local -las defensas propias del organismo-. También se forman radicales libres, que son moléculas capaces de iniciar reacciones químicas y causar deterioro celular. Normalmente, ciertos procesos enzimáticos los mantienen en concentraciones compatibles con el buen funcionamiento celular. Pero el mecanismo defensivo más importante y efectivo es la melanogénesis.

“Este es el proceso por el cual las células que producen el pigmento melanina – melanocitos- lo sintetizan en mayor cantidad y lo distribuyen a las células de la piel, depositándolo a manera de capuchón sobre el núcleo celular protegiendo al ADN”, explica la doctora Alejandra Mariño, especialista en Dermatología, que durante muchos años desempeñó su actividad en el Hospital de La Princesa, de Madrid, España.

Por lo tanto, el codiciado bronceado, lejos de ser un signo de salud, representa una respuesta de la piel ante la agresión de los rayos ultravioletas.

Todos los mecanismos de defensa disminuyen con la edad y con las exposiciones repetidas a las radiaciones solares. Cuando estos sistemas se tornan insuficientes por excesiva exposición o por carencia de protección adecuada, los signos del daño en la piel se hacen visibles.

quemaduras solares

Sol y quemaduras

A las pocas horas de haber tomado sol en forma prolongada o sin protección, la piel se enrojece y luego aparecen edemas -piel hinchada- y ampollas. Según J. R. Michans, autor del libro Patología Quirúrgica, la gravedad de una quemadura depende de su extensión y profundidad. Cuanto mayores sean estos factores más grave será. Además, se tiene en cuenta el espesor de la piel afectada para clasificarlas en parciales o totales.

“Cuanto más superficial es una quemadura, más chance se tiene de curar por sí sola con el tratamiento adecuado”, comenta el doctor Jorge Gallardo, jefe de internación del Hospital de Quemados de Buenos Aires, Argentina. Y agrega: “A mayor profundidad esto es más difícil, por lo que en las de espesor total es necesario efectuar injertos de piel para lograr la curación de la lesión”.

“Las quemaduras por radiación solar ultravioleta eran, hasta hace 10 ó 15 años, simples eritemas solares, es decir, la piel enrojecida, irritada, con intenso dolor al contacto mínimo -explica Gallardo-. Hoy en día vemos cada vez más lesiones ampollares, y esto se debe a que la radiación es cada vez más peligrosa”, acota el especialista en quemados.

En casos extremos, la persona puede sufrir vómitos, dolor de cabeza y fiebre, e incluso requerir internación para adoptar medidas de hidratación, sólo por tomar un poco de sol.

Los especialistas advierten que hay que tener un cuidado especial con los niños pequeños, más propensos a sufrir desequilibrios hidroelectrolíticos -agua y minerales del organismo-.

Ante una piel ardiente y dolorosa, el doctor Gallardo recomienda lavar la zona quemada con agua y jabón neutro de glicerina y luego agregar compresas de agua fría, no necesariamente hielo, para aliviar el dolor. Y advirtió enfáticamente que nunca deben aplicarse recetas caseras como manteca, yogurt, o rodajas de tomate porque pueden contaminar la lesión.

Para disfrutar de los beneficios del sol, basta con salir a pasear provistos de la adecuada protección. El bronceado adquirido tras prolongadas y reiteradas exposiciones solares, más aún si se produjeron quemaduras, conlleva un grave riesgo para la salud.

Las molestias por una quemadura solar duran sólo unos días, pero lo más importante son las consecuencias a largo plazo, ya que predisponen a padecer cáncer de piel. De acuerdo con un artículo publicado en la revista Piel, Formación Continuada en Dermatología, las radiaciones ultravioletas producen un efecto acumulativo, alterando la capacidad de reparación del ADN, y ocasionando daño a las células de inmunovigilancia -defensa-, a los melanocitos y a las fibras elásticas y de colágeno de la dermis.

Todos estas alteraciones desembocan en la formación de tres tipos de tumores: el basocelular, el carcinoma de células escamosas y el melanoma.

“El tumor basocelular o carcinoma de células basales es la más frecuente de las lesiones malignas de la piel, pero con agresividad local solamente, que aparece en las áreas crónicamente expuestas al sol como cara, brazos o escote.

En cambio, el tumor de células escamosas es más agresivo, con extensión local y con capacidad para dar metástasis a distancia”, comenta la doctora Alejandra Mariño, especialista en dermatología, que desempeñó su especialidad durante muchos años en el Hospital de la Princesa, de Madrid, España.

La especialista agrega que “Generalmente asienta sobre una lesión precursora, la queratosis actínica, que aparece como una mancha rojiza cubierta por una escama pequeña que el paciente suele arrancar reiteradamente con la uña pero que vuelve a reaparecer.”

Lunares sospechosos

Pero la lesión más grave y preocupante, cuya incidencia va en aumento continuo en todas partes del mundo, es el melanoma.

“Las células del melanoma emigran al sistema linfático, donde pueden quedar retenidas, y luego dar metástasis en otros órganos al cabo de algunos años, aunque la lesión inicial ya haya sido extirpada”, comenta Mariño.

Si bien puede aparecer sobre la piel sana, también lo hace sobre lunares preexistentes. Pero no cualquier lunar es sospechoso de transformación maligna, sino que debe presentar alteraciones en su simetría, irregularidad de bordes, coloración variada con áreas negras, varias tonalidades de pardo, inclusive rojo o blanco y diámetro superior a 5 milímetros.

“Si bien es necesario el autoexamen, es el dermatólogo quien debe evaluar las lesiones y extirparlas precozmente. En estos casos el pronóstico es excelente”, asegura la doctora Mariño.

“Existen muchos factores condicionantes en la aparición de tumores cutáneos y en particular del melanoma, como las características étnicas -existe mayor predisposición en las personas de piel blanca, de ojos claros y cabellos rubios, y en los pelirrojos”-, afirma la doctora Patricia Laura Dodyk, especialista en oncología del Centro Oncológico Avellaneda, de Buenos Aires, Argentina. Y explica: “El clima y la cantidad de luz horaria también tienen influencia”. De esta manera se registran entre 5 y 10 veces más melanomas en áreas de Australia y Estados Unidos más cercanas al Ecuador , que en países del norte de Europa.

Dodyk advierte que actualmente ha aumentado el número de casos de melanoma en personas de piel morena. Asimismo, este tipo de tumor maligno aparece cada vez a edades más tempranas, a partir de los 20 años.

También influyen la predisposición genética y los contaminantes ambientales, entre otros factores. Pero en lo que existe acuerdo unánime entre los investigadores es que el mayor riesgo de padecer melanoma se contrae con las quemaduras solares ocurridas en la infancia y en la adolescencia.

Fotoenvejecimiento

El envejecimiento es un proceso natural e inevitable de todo el organismo. Pero en la piel se suman factores externos que aceleran el envejecimiento dado por el paso normal del tiempo, como una dieta inadecuada y el hábito de fumar. No obstante, el 90 por ciento de los daños cutáneos son producidos por la radiación solar.

Según Fitzpatrick, autor de Dermatología en Medicina General, el fotoenvejecimiento trae aparejada una serie de cambios en la piel. Esta se vuelve más gruesa por efecto de la estimulación solar continua, con alteración en su arquitectura normal y con acumulaciones de melanima.

Las células varían en su forma y tamaño, y pueden presentar atipías nucleares -núcleos de formas y tamaños diferentes y con figuras de división del material genético anómalas-, base de las lesiones precancerosas como las queratosis actínicas. Las fibras colágenas se ven disminuidas y, por el contrario, aumentan las fibras elásticas, que se enredan y aglutinan hasta terminar convertidas en una masa amorfa.

También disminuye la vascularización de la dermis, y allí se instalan las células inflamatorias produciendo un estado de inflamación crónica.

Mejor prevenir…

No hay dudas sobre los efectos adversos que ocasiona el sol en la piel, por que es imprescindible tomar una serie de medidas para evitar, en lo posible, su padecimiento.

“Lo ideal sería evitar toda exposición directa al sol”, sugiere la doctora Patricia Dodyk. Pero en la sociedad actual esto parece una utopía. No obstante, los especialistas señalan que es conveniente no exponerse a la radiación solar entre las 11 horas y las 16, momento del día en que los rayos inciden perpendicularmente sobre la Tierra. En estas condiciones, la radiación atraviesa menos atmósfera y por lo tanto hay menor filtrado de los rayos ultravioletas.

“Una buena manera de recordar el horario es comprobar la sombra que proyecta el cuerpo: cuando la sombra es más corta que la estatura, mayor es la radiación -comenta la doctora Mariño-. También sería útil rescatar la siesta, costumbre en desuso en las ciudades que, además de responder a una razón fisiológica, ayuda a evitar las horas solares más riesgosas”, agrega.

El tiempo de exposición es importante, deberá ser breve y en aumento progresivo. No es conveniente exponerse deliberadamente al sol, sino realizar actividades al aire libre buscando protegerse del sol y el calor. Es necesario tener en cuenta que no se puede conseguir en pocos días de vacaciones lo que requeriría semanas.

Y algo fundamental: ante cada exposición solar se deben aplicar fotoprotectores adecuados al tipo de piel de cada persona. Estos, en forma de cremas o geles, absorben la radiación ultravioleta y disminuyen sus efectos dañinos.

La eficacia de estos productos se mide por el factor de protección solar FPS, que se define como el cociente entre la mínima cantidad de energía que produce eritema-enrojecimento- en la piel con protector solar, y la energía necesaria para producir eritema en la piel sin la aplicación del protector. Es decir, podría considerarse como “el tiempo en que una persona podría exponerse al sol sin quemarse”.

Según la Sociedad Australiana del Cáncer, para calcular dicho tiempo influirían muchos factores como la época del año, hora del día, nubosidad, niveles de ozono y la reflexión de superficies circundantes, pues las superficies claras, la arena y el agua reflejan las radiaciones UV, e inciden directamente sobre la piel. También influye el grado de pigmentación y engrosamiento de la piel. Por lo cual no existe una relación lineal entre el número del FPS y la reducción de la radiación.

“Es una forma de prevención, pero de ninguna manera posibilita estar mucho tiempo expuesto al sol”, opina Mariño.

Recientemente la Administración de Alimentos y Fármacos de los Estados Unidos (FDA) ha sugerido como límite mínimo el FPS 30.

Lo fotoprotectores deben colocarse 20 minutos antes de exponerse al sol y renovarse cada dos horas, como así también luego del baño. Y para que sean efectivos deben cubrir todo el espectro de la radiación ultravioleta.

Tampoco hay que confiar en los días nublados, ya que los ultravioletas llegan igual. Si veranea en las montañas, es importante utilizar productos de FPS más elevado porque hay menor filtrado de los UVA.

Los labios también requieren protección mediante productos especiales. De ningún modo es recomendable utilizar preparaciones caseras, como aceites, bebidas colas, o té de hierbas, como la ruda, pues pueden producir graves reacciones en la piel.

Y algo fundamental, los niños menores de 6 meses nunca deberán tomar sol, ya que su piel, aún inmadura, no admite el uso de fotoprotectores, por riesgo de toxicidad.

En edades infantiles y hasta los 20 años la protección debe ser extrema. Es imperativo recordar que las quemaduras en estos períodos de la vida predisponen a enfermedades futuras.

Según los especialistas consultados, también el vestuario es importante, las ropas sueltas de tejidos livianos y preferentemente oscuras, que cubran gran parte del cuerpo son las más recomendables.

También es útil el uso de sombreros para resguardar la cabeza, y unos lentes de sol adecuados con filtro para los rayos ultravioletas, ya que los ojos sufren el embate solar y pueden padecer queratoconjuntivitis y cataratas.

En cuanto al uso de emisores artificiales de radiación ultravioleta -cabinas de UVA- para mantener un bronceado Caribe durante todo el año, son altamente perjudiciales. A medida que las lámparas se desgastan comienzan a emitir radiaciones A y B simultáneamente, por lo que los daños pueden ser superiores a la exposición solar. Además, por emitir diez veces más radiación que la fuente natural, y al estar el agente emisor muy cercano a la piel, la probabilidad de sufrir cáncer se ve incrementada.

Estética en contraposición con salud. ¿Vale la pena lucir bronceado?

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