El espasmo bronquial persistente

El espasmo bronquial persistente es un mal que va en aumento.

De acuerdo con las estadísticas de la Iniciativa Global por el Asma -sustentada en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos (NIH)-, es una enfermedad crónica más común en la infancia y ocupa el tercer puesto entre los males de la edad adulta, siguiendo de cerca a la diabetes y la epilepsia.

Más de 300 millones de personas en todo el mundo ven afectada su calidad de vida por el asma, y esta cifra va en constante aumento. En los Estados Unidos, por ejemplo, la prevalencia de esta enfermedad en la década del 90 fue un 50 por ciento más alta que a fines de los años 70.

Otros países que cuentan con estadísticas confiables, como Canadá, Francia, Gran Bretaña, Australia o Nueva Zelanda, también experimentaron un aumento de la prevalencia en el mismo período que oscila entre el 20 y el 50 por ciento.

A pesar de las mejoras en los tratamientos disponibles, también se ha verificado un aumento en los índices de mortalidad de esta enfermedad. «En la Argentina -sostiene la doctora Anahí Yáñez, jefa de Alergia e Inmunología del Hospital Aeronáutico Central de Buenos Aires, Argentina- mueren aproximadamente 1000 asmáticos cada año. Muchas de estas muertes podrían ser evitadas con un diagnóstico temprano, un tratamiento adecuado y la educación del paciente para que aprenda a tratar su enfermedad«.

Para muchos especialistas en la materia, el aumento de la prevalencia del asma es resultado de la creciente contaminación ambiental y del aumento del tiempo que las personas pasan en sus hogares, en contacto con factores alergénicos. «Todos los cambios que han experimentado los distintos microclimas como resultado de la contaminación ambiental favorecen el aumento de las enfermedades respiratorias inflamatorias como el asma», afirma la doctora Yáñez.

espasmo bronquial

Tratamiento y prevención del espasmo bronquial persistente

El ataque de asma o acceso, que suele ser desencadenado por factores alergénicos presentes en el medio ambiente, puede presentarse de varias formas. «La más común es la sensación de falta de aire, con silbidos en el pecho que no siempre son audibles, y que puede estar acompañada de tos -explica el doctor Daniel Colodenco, jefe de Alergia del Hospital de Rehabilitación Respiratoria María Ferrer, de Buenos Aires, Argentina-. También puede manifestarse solamente con tos».

Rápidamente, la tos deriva en broncoespasmos: dentro de los pulmones se cierran los músculos de los conductos por donde circula el aire llamados bronquios, alterando el mecanismo de intercambio gaseoso que oxigena la sangre, lo que produce un aumento de la frecuencia respiratoria para compensar la demanda de oxígeno del organismo.

«Al acceso hay que abortarlo lo más pronto posible suministrando al paciente broncodilatadores», afirma el doctor Marcelo Kohan, jefe del Servicio de Alergia del Hospital de Niños de Buenos Aires, Argentina. De lo contrario, entre las dos y las cuatro horas posteriores al comienzo del acceso, se produce la inflamación de los bronquios y los broncodilatadores dejan de ser efectivos. En estos casos es necesario recurrir a medicamentos más potentes, como los corticoides.

Pero actualmente, los médicos ya no se limitan a tratar el asma sólo cuando se producen los ataques; hoy por hoy existen medidas de prevención que permiten mejorar la calidad de vida de las personas que padecen esta enfermedad. «En la última década la política de tratamiento ha cambiado y se utilizan corticoides inhalatorios como medida preventiva -dice el doctor Colodenco-. El asma debe ser tratada como una enfermedad crónica, igual que la hipertensión y la diabetes, pues una persona es asmática durante toda su vida».

«Con el tratamiento preventivo se evita la mayor parte de los accesos -dice el doctor Kohan-, y si no se evitan del todo, se atenúa la intensidad y se disminuye la frecuencia. Esto es muy importante ya que es una enfermedad crónica y molesta que antes cuando no se realizaban tratamientos preventivos era muy discapacitante».

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Genética y atopía

El asma tiene una base genética y lo más probable es que sean varios y no uno sólo, los genes implicados. Pero eso todavía no se sabe del todo. En los últimos años, y gracias al desarrollo y perfeccionamiento de las técnicas de biología molecular, se ha logrado identificar un reducido número de genes cuya presencia estaría relacionada con esta enfermedad.

«Pero si bien existe cierta predisposición de base genética, esto no significa que haya un gen que determine que una persona va a ser asmática o no, ni tampoco un gen que determine que algunos van a ser asmáticos severos y otros asmáticos leves -sostiene la doctora Silvia Quadrelli, investigadora del Laboratorio de Neumonología del Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari, también de Buenos Aires (Argentina)-. Lo que sí se sabe es que hay cierta relación familiar, pues la mayoría de los pacientes asmáticos tienen antecedentes de asma en la familia».

Otro de los factores fundamentales asociados con la inflamación y el espasmo bronquial característico de las personas asmáticas es la atopía, que es la capacidad del sistema inmunológico de reaccionar con mecanismos alérgicos ante determinados factores alergénicos como los ácaros, las células epiteliales de la piel de perros y gatos, las esporas de los hongos, el polen, entre muchos otros.

Pero aunque en algunos pacientes el asma es una enfermedad alérgica en la cual los episodios son disparados por algunos de estos factores alergénicos, en otros no.

En otras palabras, así como no todos los pacientes atópicos son asmáticos y manifiestan su atopía a través de otros síntomas (dermatológicos, por ejemplo), no todos los asmáticos son atópicos. Dicho desde un punto de vista genético, «se sabe que, al igual que el asma, la atopía también tiene una base genética, lo que aún no se sabe es si esa base genética es la misma que la del asma», señala la doctora Quadrelli.

Asi es el espasmo bronquial persistente y su tratamiento.

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