Reconstrucción mamaria Tras un cáncer de mama

Tras un cáncer de mama, la reconstrucción mamaria es la opción más adecuada.

 

Nunca es agradable entrar en el quirófano. Y este temor, compartido por la mayoría de las personas, aumenta cuando el objeto de la intervención es la amputación de una mama para evitar la extensión de un cáncer.

A pesar de los avances científicos y la cultura preventiva, el cáncer de mama sigue siendo una enfermedad frecuente en los países occidentales, que afecta aproximadamente a una de cada diez mujeres.

Por desgracia, el tratamiento más eficaz contra esta enfermedad conlleva la realización de una mastectomía, que consiste básicamente en la amputación de la mama y el vaciamiento de los ganglios de la axila.

La mujer vive la pérdida de la mama tras la mastectomía como algo más que una mutilación de su cuerpo. La mama es una parte del cuerpo de la mujer que representa su feminidad, tanto de cara a la maternidad como en el aspecto de la sexualidad. Además, las secuelas también dificultan e impiden la utilización de determinada ropa, e incluso puede llegar a afectar a la vida social.

La reconstrucción mamaria no es una novedad de última hora ni una moda de la moderna sociedad. Aunque el cirujano francés Obredanne comenzó a practicarla en 1906, el desarrollo y perfeccionamiento de las técnicas se produjo a partir de los años 70.

En la actualidad, la cirugía plástica puede reconstruir la mama prácticamente a todas las pacientes, consiguiendo resultados altamente satisfactorios.

reconstrucción mamaria

La reconstrucción mamaria en España

Sin embargo, a pesar de las grandes ventajas de esta técnica, el número de mujeres españolas que optan por esta alternativa es todavía muy bajo. En Inglaterra, aproximadamente una de cada cuatro mujeres que han sufrido una mastectomía se somete a una reconstrucción de mama, mientras que en Estados Unidos el porcentaje se sitúa en un 20%.

El índice disminuye hasta el 14% en diversos países europeos, como en Francia, Holanda y Alemania, aunque España tiene una de las proporciones más bajas, con un porcentaje inferior al 2%.

Aunque existen varios métodos para reconstruir la mama, básicamente se reducen a la utilización de silicona o al uso del tejido de la propia paciente. Cuando el equipo médico opta por utilizar los implantes de silicona, la técnica conlleva un mínimo de dos intervenciones quirúrgicas.

La primera consiste en la inserción de un Expansor Tisular, un depósito de silicona que se introduce vacío y que se va llenando con suero salino semanas después de la intervención. De esta manera se expande y se da de sí la piel para crear el volumen de la futura mama.

Una vez conseguida la forma deseada, tras un periodo de tres a seis meses, el Expansor Tisular se cambia por un implante definitivo de consistencia blanda, parecido al del pecho natural. Posteriormente se reconstruyen la areola y el pezón.

Por otra parte, la técnica de reconstrucción más frecuente que utiliza el tejido de la propia paciente es la denominada TRAM (Tranvers Rectus Abdominis Muscle). El equipo médico transporta la piel y la grasa de la parte baja del abdomen a la zona del tórax para dar forma de mama.

Desde el punto de vista quirúrgico, esta intervención es más larga y compleja que el implante de silicona, además de dejar cicatrices en el abdomen de la paciente. Sin embargo, desde el principio la mama adquiere un aspecto y consistencia más naturales.

Asimismo, la intervención logra eliminar el exceso de grasa que muchas mujeres tienen el abdomen, sobre todo si han estado embarazadas. Otra de las ventajas de este método de reconstrucción puede realizarse en la misma intervención de la mastectomía, inmediatamente después de la amputación del pecho.

Al margen de las dos técnicas de cirugía plástica que reconstruyen el pecho, la nueva mama es similar a la original. La paciente logra recuperar las proporciones y la armonía corporal, con la posibilidad de vestir cualquier tipo de ropa, incluidas las prendas de baño o lencería.

Los estudios confirman que estas pacientes con la mama reconstruida mejoran su calidad de vida y aumentan su autoestima y satisfacción social.

Además, las investigaciones científicas demuestran que la reconstrucción mamaria no afecta a la evolución de la enfermedad tumoral y que todos los tratamientos adyuvantes se pueden aplicar con total seguridad. Asimismo, el implante no afecta a las pruebas de control y seguimiento que deben realizarse durante el periodo postoperatorio.

Sin embargo, a pesar de estos avances, la falta de información es la causa más importante que explica el bajo número de mujeres que deciden someterse a una intervención de este tipo.

Lo fundamental en el tratamiento del cáncer de mama es salvar la vida a la paciente y recobrar su salud, pero también proporcionar seguridad y mejorar su calidad e vida.

Aunque finalmente la mujer no opte por la reconstrucción, los cirujanos plásticos creemos que todas las pacientes deben conocer esa posibilidad a través de una información veraz y rigurosa que les posibilite decidir por ellas mismas.

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