Resistencia a los antibióticos

Resistencia de nuestro organismo a los antibióticos es una realidad que va en crecimiento.

El descubrimiento de los antibióticos y su desarrollo posterior ha constituido una de las armas farmacológicas más poderosas inventadas por el hombre, y desde luego puede decirse que el tratamiento de las enfermedades infecciosas cambió radicalmente desde que se pudo disponer de estos fármacos.

Las repercusiones que han tenido sobre la historia de la humanidad puede que sean bastante más importantes que muchas guerras, movimientos filosóficos u otros fenómenos sociales muy valorados por los historiadores.

Su eficacia ha sido tan espectacular que ha llevado a muchas personas a pensar que las patologías infecciosas estaban completamente vencidas, y que podían utilizarse los antibióticos para tratar cualquier infección con la garantía de que el éxito estaba asegurado.

Un problema muy grave

Sin embargo, la realidad es muy distinta, debido al mal uso que se ha hecho de estos antimicrobianos y que ha llevado a la aparición de resistencias por parte de las bacterias. Éste es un fenómeno biológico natural.

Las bacterias cuando se enfrentan a un antibiótico establecen una verdadera lucha por la supervivencia, poniendo en marcha una serie de mecanismos de defensa, a veces muy complicados, que impiden la acción de este medicamento.

Si el antibiótico se ha utilizado correctamente, la bacteria muere, pero si no es así y se le da alguna oportunidad, resiste, establece su estrategia y consigue vencer. Es una verdadera batalla frente a un ser «inteligente», capaz de defenderse, y lo malo es que cuando aprende a ser resistente, transmite su información a otras bacterias, de manera que en muy poco tiempo la población de microbios que se han hecho firmes a la acción de los antibióticos es numerosísima.

El problema es muy grave. Cada vez hay más bacterias con esta característica y la eficacia de los antibióticos está disminuyendo de manera alarmante, de tal forma que algunos expertos han advertido que si se sigue por este camino, no va a tardarse mucho tiempo en volver a la era «preantibiótica», con lo que las muertes producidas por infecciones darían lugar a una catástrofe mundial de consecuencias imprevisibles.

Resistencia a los antibióticos

Resistencias que cuestan dinero

Las tasas de oposición a los antibióticos aumentan en el ámbito mundial, pero con una velocidad diferente según los países. En España nos encontramos en una situación muy difícil y somos uno de los países con mayor número de resistencias, por lo que es gravísimo.

Ello ha motivado que tres instituciones españolas como el Ministerio de Sanidad y Consumo, la prestigiosa Sociedad Española de Quimioterapia y Farmaindustria, una agrupación de los fabricantes de medicamentos, hayan puesto en marcha una campaña nacional sobre el uso responsable de los antibióticos, bajo el lema «Con los antibióticos no se juega. No tomes antibióticos por tu cuenta«.

El eslogan ha sido muy bien elegido, porque el problema de fondo es que se utilizan mal estas medicinas, pues se hace sin el consejo del médico. En nuestro país se estima que más de un 88% de la población utiliza un antibiótico al menos una vez al año. De este consumo es casi seguro que cerca del 80% es innecesario.

Los dos factores que más influyen sobre esto son la confusión que existe entre bacterias y virus, así como la toma de medicación no indicada por el médico, bien sea como automedicación o aconsejada por personas que no son profesionales.

La mayor parte de la población cree que una gripe hay que tratarla con antibióticos, y ante los primeros síntomas de un resfriado recurre a ellos. La realidad es que los antibióticos no sólo no hacen nada contra el virus que produce la gripe, sino que además pueden dar lugar a efectos secundarios, fomentar las resistencias de otras bacterias presentes en el enfermo y cuestan dinero.

El incumplimiento del tratamiento

Por otro lado, la automedicación o la toma de antibióticos sin la prescripción del médico es una práctica muy extendida en España. Se calcula que el 30% se consume sin consultar con el médico. Generalmente se trata de personas que han recibido información a través de los medios de comunicación sobre su salud y se sienten capacitados para tomar decisiones.

También suelen recibir datos de profesionales no médicos que les facilitan su utilización. Sin embargo, no consideran que la documentación que tienen es sesgada y no saben, ni siquiera, cuál es la posología, dosificación y duración del tratamiento. Tampoco son conscientes de los peligros que puede ocasionar para su salud una práctica inadecuada en su utilización.

Pero ya no se trata solamente de un problema personal, sino que adquiere dimensiones sociales, no sólo por el despilfarro económico, sino porque la creación de bacterias resistentes es un hecho que afecta a todos.

La automedicación, un círculo vicioso

Otro factor inadecuado es que, aunque los antibióticos hayan sido prescritos por el médico y éste haya fijado la duración del tratamiento, muchos enfermos lo abandonan prematuramente en el momento en el que desaparecen los síntomas.

Esta falta de seguimiento genera que un número importante de bacterias se mantenga vivo, se convierta en resistente, se retrase la curación y reaparezca la infección de forma más virulenta. En España la tasa de incumplimiento se sitúa en el 60%.

El almacenamiento representa otro de los problemas que influye en el uso de los antibióticos. Un 42% de la población española afirma tener antibióticos guardados en el botiquín de casa y se estima que su importe alcanza los 5.000 millones de euros.

Se trata de un reflejo de la falta de cumplimiento del tratamiento y es la consecuencia directa de la automedicación. Es como un círculo vicioso: automedicación-incumplimiento-almacenamiento-automedicación, el cual está prolongando el uso incorrecto de estos fármacos.

Ojo, consulte a su médico

En la campaña que se inicia se han establecido una serie de consejos, a modo de recomendaciones, muy interesantes:
  • La mayoría de las enfermedades infecciosas no están causadas por bacterias.
  • Los resfriados y la gripe no están ocasionados por bacterias. En estos casos, el uso de antibióticos es innecesario e ineficaz. Si el médico lo receta es porque sospecha alguna complicación por bacterias.
  • Un antibiótico que ha sido útil para una enfermedad no tiene porqué serlo en otra ocasión parecida.
  • Es muy importante finalizar el tratamiento, aunque se note mejoría.
  • Cuando una persona se siente mejor suele suspender la medicación, pero puede que sobrevivan bacterias que se multiplicarán propagándose y produciendo recaídas.
  • Además, si no se termina los medicamentos prescritos por el médico, el antibiótico recetado puede disminuir su eficacia para la próxima vez que se necesite.
  • Otro aspecto que hay que destacar es el almacenamiento de antibióticos, ya que si esta práctica se produce, indica que el tratamiento no se ha finalizado y no que el tamaño del envase es inadecuado.
  • Hay que tener claro que son sustancias químicas que pueden alterar el medio natural.
  • Ante todo, el médico sabe el que se necesita, la dosis adecuada y la duración del tratamiento.
  • Es imprescindible cumplirlo hasta el final.
  • El farmacéutico no puede dispensar antibióticos sin la receta del médico.
  • Si siguiendo las indicaciones del profesional te sobran antibióticos, devuélvelos a la farmacia.

 

En resumen,

No tome nunca un antibiótico sin que el médico se lo indique y siga de forma muy precisa la dosificación que le recomienda, durante todo el tiempo que le haya dicho. Si no lo hace usted así, está corriendo un grave peligro y se lo está haciendo pasar a los demás, y no sólo a su suegra o a su cuñada, sino también a sus hijos, padres, amigos.

Texto de:
Dr. Jesús Honorato
Experto en Farmacología

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