Tumor testicular – Varones en guardia

Cancer y tumores testiculares

El tumor testicular es uno de los más frecuentes en jóvenes, así como también el que mejor pronóstico tiene si se lo compara con otros. A pesar del impacto psicológico que pueda tener para un hombre la extracción de uno de sus testículos, la operación combinada con el tratamiento y el control periódico aseguran en alrededor del 80 por ciento de los casos una remisión completa del tumor.

Desde hace veinte años, el futuro de pacientes con diagnóstico de tumor testicular ha cambiado radicalmente y para mejor, gracias a la utlización en la quimioterapia de una droga muy eficiente aún en estadios avanzados de la enfermedad: el cisplantino.

La bibliografía médica menciona que tres décadas atrás el tumor de testículo era el responsable del 30% de las muertes por cáncer en personas de entre 25 y 35 años, en los Estados Unidos. Actualmente la sobrevida a los cincos años de la extracción del tumor es de más del 90%, cuando antes era del 64%.

“Son tumores de estirpe germinal, esto quiere decir que se desarrollan en células con un alto poder de duplicación. Es por esto que el tumor testicular se manifiesta en edad temprana, entre los 18 y 40 años aproximadamente. Son muy raros en adultos mayores. Esta capacidad de duplicarse rápidamente es la que los hace tan sensibles a la quimioterapia”, explica el doctor Carlos Giudice (h), del Servicio de Urología del Hospital Italiano de Buenos Aires.

La quimioterapia no afecta a la célula en cualquier momento del ciclo celular, sino que es nociva para las células que se encuentran en el momento de su división. Si hay un tumor que tarda mucho en dividirse -no es el caso del testicular- son menos los momentos en los cuales el agente quimioterápico lo puede destruir.

“Los síntomas del cáncer de testículo son la aparición del tumor, aumento de tamaño, dolor testicular producido por la torcedura del tumor (sucede en un 20 por ciento de los casos), a veces dolor retroperitoneal. El autoexamen de testículo no está muy divulgado, seguramente debido a la baja incidencia del tumor testicular, 6 por 100 mil habitantes por año.

Sin embargo, el sólo hecho de higienizarse coloca al hombre en situación de poder detectar una dureza que debe generar la consulta médica”, explica el doctor José María Lastiri, de la Sección de Oncología del Hospital Italiano en Argentina.

Importancia del diagnóstico precoz del tumor

El diagnóstico precoz del tumor, como en cualquier patología, incrementa las probabilidades de éxito del tratamiento. Pero igual o mayor importancia tiene, en caso de recibir quimioterapia, la administración de las dosis adecuadas a intervalos correctos, por lo que lo ideal es tratarse en centros de alta complejidad.

Con frecuencia no hay dolor, o a veces la dureza -por su ubicación o tamaño- no se detecta con la palpación, pero la ecografía de testículo permite realizar el diagnóstico. “El dosaje en sangre de dos marcadores biológicos -a fetoproteína y b gonadotrofina coriónica humana- permiten eliminar dudas sobre el diagnóstico.

Estos marcadores tumorales son producidos por algunos tipos de células que pueden desarrollar los tumores de testículo, y son útiles no sólo para confirmar el diagnóstico sino también para realizar el seguimiento luego del tratamiento. Ambos métodos son muy confiables y nada invasivos”, señala el doctor Giudice.

En cuanto a los factores de riesgo, Lastiri menciona los traumatismos frecuentes, la criptorquidia (cuando los testículos permanecen en el abdomen y no descienden por sí mismos) y los antecendentes familiares de cáncer. Ambos especialistas coinciden en la importancia de operar en la niñez la criptorquidia como medida de prevención del tumor testicular.

Un aspecto mencionado por los profesionales es la gran incidencia de la esterilidad en pacientes con cáncer de testículo. No existe aún un consenso ni un conocimiento suficiente que explique la relación entre ambos trastornos. “Es de muy buena práctica profesional hacer espermogramas previos a la operación y tratamiento, para que el paciente sepa que su esterilidad ya existía y que no proviene de la quimioterapia, ya que hay posibilidad de que el tratamiento acentúe la hipofertilidad en un 70 a 80 por ciento de los casos”, advierte el oncólogo. El hecho de extraer uno de los testículos tampoco provoca en sí la esterilidad.

Tipos y estadios del cáncer

El tratamiento indicado para cada paciente depende fundamentalmente del estadio del cáncer, y del tipo anatomopatológico del tumor.

“Básicamente hay dos grandes estirpes tumorales: seminomatosos y no seminomatosos. Los primeros provienen de las células propiamente germinales, concretamente de las células que van a formar los espermatozoides; los segundos, de células de anexos embrionarios. Cada grupo a su vez tiene distintas subdivisiones”, describe el urólogo.

Los seminomatosos se dividen en clásico, espermatocítico y anaplásico, siendo este último el que requiere tratamientos más agresivos y mayor control. Dentro del grupo de los no seminomatosos, el carcinoma embrionario es el más importante en frecuencia y con pronóstico más reservado.

Los no seminomatosos se presetan en estadio I -el tumor está confinado al testículo- en un 70%, mientras que los seminomatosos lo hace entre un 90 y 95%. Estas cifras son coherentes con una característica benévola del tumor testicular: no hace metástasis fácilmente.

“En estadio II hay metástasis en el retroperitoneo. El retroperitoneo es un espacio que tenemos en el cuerpo situado atrás de la bolsa peritoneal, la cual contiene una serie de órganos como los intestinos, el hígado, el vaso, etc. Detrás están la columna vertebral, los riñones, y estructuras gangliolinfáticas, todo este espacio se llama retroperitoneo. El estadio III presenta metástasis en pulmón y metiatino. El estadio IV, bastante infrecuente, da metástasis en hueso, hígado y cerebro”, explica Giudice.

Los estadios más avanzados son menos frecuentes gracias a la efectividad de los tratamientos actuales.

Tratamientos y control

Cuando se diagnostica, el tumor el tratamiento primero y común a todos los pacientes es la orquiectomía, es decir, la extracción del testículo por vía inguinal. Algunas personas pueden querer por razones estéticas una prótesis, que se coloca en la misma intervención quirúrgica. La orquiectomía es una operación ambulatoria y de pronta recuperación.

“El siguiente paso es mandar a analizar el testículo, así se obtiene el tipo de tumor. Después hay que estadificar al paciente, para dar el tratamiento adecuado. El estadio se establece buscando posibles metástasis en otros tejidos mediante tomografía axial computada de tórax, abdomen y pelvis”, continúa Guidice.

El especialista menciona que si se trata de un tumor seminomatoso en estadío I, la indicación es radioterapia en el retroperitoneo, de manera preventiva. De esta forma se asegura un buen resultado; en prácticamente el ciento por ciento de los casos hay remisión completa.

En el estadio I de un no seminomatoso hay más probabilidades de que haya metástasis, entonces se propone al paciente hacer una cirugía diagnóstica llamada linfadenectomía retroperitoneal. “En estos casos, la tomografía computada no es suficiente para detectar ganglios muy pequeños.

La otra opción para estos pacientes es un control sumamente estricto. Si la persona elige la operación diagnóstica se controlará sólo dos veces al año, si opta por la segunda, deberá hacerlo cada dos meses. Los controles implican dosajes en sangre de los marcadores tumorales y tomografía computada”, advierte Giudice.

Los estadios II y III, y los más avanzados, tienen todos el mismo tratamiento: la quimioterapia. Existen muchas drogas anticancerosas, que se usan combinadas, pero la constante es el cisplatino. El profesional idóneo establece la dosis y los intervalos entre los ciclos de quimioterapia más adecuados para cada paciente.

En promedio, los pacientes reciben entre 4 a 8 ciclos de tres semanas cada uno, con tiempos de descanso en el medio. La respuesta al tratamiento es muy buena, como se mencionó al comienzo. Además, al tratarse de adultos jóvenes, poseen una buena capacidad de recuperación de los efectos indeseados de la quimioterapia (debilitamiento general, caída de cabello, infecciones en la mucosa de la boca, entre otros).

En general, luego de cinco años de controles periódicos, si el paciente no presenta signos evidentes de enfermedad se considera que se ha logrado una remisión completa del cáncer, entonces los controles son mucho más espaciados.

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